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En este tipo de terapia la persona adulta acude de forma individual y tanto la intervención como el tratamiento son enfocados hacia todas las áreas de su vida afectadas por el problema.

Los problemas más frecuentes que se trabajan son:

  • Trastornos de ansiedad: Ansiedad, estrés, miedos, fobia social y específicas, pánico, trastorno de estrés postraumático, obsesiones.
  • Trastornos de alimentación: bulimia, anorexia nerviosa, obesidad.
  • Problemas del sueño: insomnio, dificultad para dormir.
  • Desarrollo personal: motivación, seguridad, objetivos, metas, valores, toma de decisiones, fuerza de voluntad.
  • Adicciones: tecnologías, tabaco, alcohol.
  • Entrenamiento en habilidades sociales: Comunicación asertiva, relaciones sociales, gestión de conflictos, resolución de problemas, problemas en las relaciones o en interacción social.
  • Trastornos del estado de ánimo: tristeza, apatía, depresión, baja autoestima, inseguridad.
  • Terapia de aceptación y compromiso (aceptación de enfermedades crónicas).
  • Dependencia emocional (necesidad de aprobación, “enganche” a la pareja).
  • Autoconocimiento (conócete más, descubre qué es lo que te mueve, tus valores, tus aptitudes, actitudes, personalidad, y tu forma de entender el mundo).
  • Control de impulsos (la ira).
  • Duelo, pérdidas y soledad.